El valor de la dificultad.

Hace poco leí una frase que decía: «ningún mar en calma hizo experto a un marinero». Vaya frase más poderosa y certera.

El miedo a enfrentarse a la vida en muchos casos es más fuerte que el miedo a la muerte. Y este sentimientos se siembra desde casa, desde nuestra infancia. Diariamente vemos como padres de familia quieren liberar de sufrimiento a sus hijos. El deseo de que nuestros seres queridos no pasen por las mismas penurias que nosotros es considerado como algo bueno. El sistema educativo actual tampoco ayuda a que los niños formen en sus cabezas la idea del fracaso o la frustración porque se tiene la creencia de que estos conceptos son algo negativo y destructivo para la psiquis humana.

El sentimiento de fracaso es completamente cultural ligado al miedo de no ser «alguien» reconocido en la sociedad. Esa creencia limita mucho la manera cómo interpretamos las experiencias de la vida. Buscamos a toda costa que nuestras experiencias sean exitosas; desde que nos feliciten por cualquier garabato que hicimos en el colegio hasta graduarnos con honores en la universidad. Y ¿qué pasa si no logramos lo que nos proponemos? o ¿cómo te sentirías cuando ves tus metas tan lejanas o tan complicadas que debes modificar lo deseado o resignarte a abandonar?

Esto no es ajeno. Muchos de nosotros hemos tenido que cambiar radicalmente el curso de nuestras vidas por acontecimientos externos que modificaron nuestro comportamiento y visión de la realidad. Algunos experimentaron la frustración, depresión y abandonaron sus sueños. Otros tantos le encontraron valor a la dificultad y trascendieron sus limitaciones mentales.  La presión social de abandonar su objetivo no pudo con su deseo de alcanzar su meta y lo lograron.

La diferencia entre los frustrados y quienes alcanzaron el éxito es que mentalmente su idea del fracaso la veían como una oportunidad para mejorarse a si mismos y el sentimiento era de estar más cerca de lo que querían.

Todos tenemos un propósito, una misión, un destino. Los padres de familia deberán guiar a sus hijos con la información que disponen para crearles herramientas prácticas que les permitan trascender cualquier limitación mental o física que les obstaculice el camino a cumplir su sueño y si ese sueño hay que modificarlo debería verse como una mejora del objetivo, nunca como un paso atrás.

Valora todas las experiencias que te suceden. Valora las dificultades que encuentras en el camino hacia tu objetivo. Busca la mejor manera de enfocar tu sueño para poder realizarlo de la mejor manera. Ahora, la fórmula es esta: No intentes menos de 3 veces porque pecarás de inconstante. No pases de 7 intentos porque puede que estés siendo terco en el método a seguir. Replantea tu objetivo. Piensa si realmente es lo que quieres. ¿Quien quiere eso? ¿Tu ego o tu espíritu? No dejes que tu Ego sea quien dirija hacia donde tienes que ir. Busca dentro de ti lo que siempre has sentido, lo que verdaderamente te da paz y felicidad. Esa es una buena clave para seguir tus sueños, tu propósito de vida, tu misión.

Crea correspondencia para que lo que desees se te facilite. Una de las leyes universales dice que no obtendrás nada que deseas, sino lo que realmente necesitas para que tu consciencia evolucione.

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